Analfabetismo en barrios populares bonaerenses: diagnóstico y propuestas

En Argentina, hay cerca de 642 mil personas, mayores de diez años, no saben leer ni escribir. El analfabetismo continúa presente en nuestra sociedad, concentrándose en algunos puntos determinados del tejido social y urbano. Datos preocupantes, que se desprenden de un relevamiento oficial realizado en 2019 en cinco barrios populares de la Provincia, muestran un grado de estancamiento en el proceso de alfabetización nacional. Un desafío de cara al censo 2020

Desde 1869 hasta los años 70 del siglo XX, el analfabetismo se redujo notablemente en la Argentina: pasó de 77,4% a 7,4% (Cuadro I). Luego, la tendencia a la baja se desaceleró, y en los siguientes cuarenta años se redujo otros 5,5 puntos porcentuales, llegando a una tasa de 1,9% en 2010. Este porcentaje representaba un total de 641.828 personas mayores de diez años que a la fecha del censo 2010 no sabían leer ni escribir.

Si bien, históricamente, Argentina mantiene bajos niveles de analfabetismo, una vez que se llega a determinados umbrales la tarea se vuelve más complicada ya que se trata de reducir los núcleos más estructurales y problemáticos. Pero a pesar de las cifras concretas y conocidas, subsiste en el imaginario social una idea falaz respecto al nivel de alfabetización alcanzado en nuestro país, en donde se supone que el analfabetismo es un atavismo que se encuentra circunscrito geográficamente a lejanos y recónditos parajes de las provincias, en el interior del impenetrable chaqueño o en las alturas de la puna jujeña. La realidad nos indica un panorama muy distinto: el analfabetismo continúa presente en nuestra sociedad concentrándose en algunos puntos determinados del tejido social y urbano.

CUADRO I

En el mes de septiembre del año 2019 iniciamos el abordaje de la problemática del analfabetismo indagando en esa oportunidad cómo impactan sus distintas formas en Argentina[1], y señalábamos que:

  1. Más de 231 mil niños, niñas y adolescentes, de entre 4 y 17 años no asiste a ningún establecimiento educativo y crece el número de jóvenes adultos con los estudios primarios incompletos;
  2. Cae la inversión pública en programas educativos destinados a la promoción de la lectura y el fortalecimiento de la educación secundaria;
  3. También se registra una marcada desinversión en iniciativas que apuntan a combatir el analfabetismo informático y la brecha digital;
  4. Cerca del 50% de los NNyA vive en hogares que, según el INDEC, tienen clima educativo “bajo” o “muy bajo”.

En esta primera aproximación entendimos que el fenómeno del analfabetismo en nuestro país se manifestaba de una doble faz, por un lado, el analfabetismo tradicional como un déficit parcial o total en la lecto-escritura; pero a esta condición se sumaba la irrupción en la sociedad actual de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (TIC), generando lo que se denomina la “brecha digital”. La brecha digital se ha definido como “la brecha entre individuos, hogares, negocios y áreas geográficas en diferentes niveles socioeconómicos con respecto a sus oportunidades de acceso a tic y su uso para una amplia variedad de actividades[2].

Además, esta situación se manifestaba en un marco socioeconómico determinado, caracterizado por un incremento de la pobreza estructural, del desempleo, y de serias dificultades económicas que afectan a todos los sectores de la sociedad, pero que golpean con mayor crudeza a los más vulnerables. Nos concentramos en los NNyA y jóvenes adultos.

En esta oportunidad, la población objeto de estudio es la de adultos no alfabetizados de sectores vulnerables que viven en barrios populares localizados en el segundo cordón del conurbano bonaerense.

La Alfabetización como Derecho

En la Argentina, nuestra Constitución consagra el derecho a la educación a través del artículo 14 (inalterado desde la Constitución del año 1853), artículo 75 incisos 17, 18, 19, 22 y articulo 125, a lo que se le suma el reaseguro conferido por el artículo 31 (supremacía constitucional). Por su parte, la Constitución de la Provincia de Buenos Aires establece, en su artículo 198, que: “La cultura y la educación constituyen derechos humanos fundamentales. Toda persona tiene derecho a la educación y a tomar parte, libremente, en la vida cultural de la comunidad.” (…) “La educación es responsabilidad indelegable de la Provincia”.

En la faz instrumental, la provincia de Buenos Aires, mediante la Resolución 470/17 de la Dirección General de Cultura y Educación (DGCyE), implementó el Programa Bonaerense de Alfabetización, Educación Primaria para Jóvenes y Adultos y Formación para el Trabajo denominado “Ser Parte de una Nueva Oportunidad”[3] a cargo de la  Dirección de Educación de Adultos.[4] Es actualmente el programa vigente en materia de alfabetización de adultos, siendo continuador de emprendimientos similares que vienen realizándose en la provincia desde el año 1990. Además, existen diversos dispositivos de terminalidad educativa como: Terminalidad en Barrios Vulnerables,[5] Educación en Entornos Laborales,[6] Familias a Estudiar,[7], Secundaria Rural,[8] y Terminalidad Secundaria en la Administración Pública.[9]

Es decir, existe una oferta variada que permite abordar diversas circunstancias personales y satisfacer el derecho a la educación y alfabetización de adultos. Esta situación es relevante en nuestro análisis, ya que prima facie, existe un dispositivo gubernamental capaz de responder la demanda social de alfabetización, el cual además en el territorio será complementado con emprendimientos de educación no formal a cargo de asociaciones barriles y ongs.

Censo de Barrios Populares: tasas que preocupan

Durante noviembre de 2018, y junio y julio de 2019, personal de la Dirección Provincial de Estadística de la Provincia de Buenos Aires, dependiente de la Subsecretaría de Política y Coordinación Económica del Ministerio de Economía de la provincia, realizaron un profundo relevamientos en cinco Barrios Populares pertenecientes al segundo cordón del conurbano bonaerense. Los barrios son Villa Itati y Villa Azul, localizados en el Municipio de Quilmes; Barrio El Garrote, localizado en el Municipio de Tigre; y Barrio Don Orione Viejo y Barrio Libertad, localizados en el Municipio de Almirante Brown.

El operativo fue desarrollado por la Dirección Provincial de Estadística (en adelante DPE) a pedido del Organismo Provincial de Integración Social y Urbana (OPISU), y llevó más de diez meses entre planificación y ejecución. “El objetivo del CeBPBA es disponer de información actualizada para cuantificar a todas las personas, los hogares y las viviendas del área previamente delimitada, realizando un barrido territorial completo. Buscando caracterizar la población, los hogares y las viviendas, indagando para ello sobre la infraestructura de las viviendas y el hábitat, la composición de los hogares, los datos demográficos de sus habitantes, su situación educacional, las características ocupacionales, las posibilidades de acceso a la salud, la seguridad pública, el transporte, la asistencia social, y las estrategias de vida del hogar”[10].

Uno de los quince ejes temáticos del censo fue la condición de los habitantes respecto a “asistencia escolar, ausentismo y deserción”. Esta información se encuentra volcada en los informes bajo la denominación “3.4 Características Socioeconómicas y de Salud”, siendo uno de los datos relevados la tasa de analfabetismo en población de 10 o más años de edad.

Los datos sobre analfabetismo existente en la población que habitan los barrios populares que fueron censados por el DPE son preocupantes. (Ver Cuadro II). Podrían estar significando un grado de estancamiento y/o retroceso en el proceso de alfabetización nacional y, eventualmente, estar adelantando los resultados que aportará el Censo 2020.

CUADRO 2

No hay que subestimar los nefastos efectos socio-económicos y socio-culturales del analfabetismo. En el pasado, no tan lejano, el analfabetismo fue un motivo para que se nieguen derechos civiles, como el voto. Este era el caso que se manifestaba en ciertas democracias bajo el sistema electoral de “sufragio censitario”, en donde se le negaba el voto a quienes carecían de ciertas aptitudes predeterminadas, generalmente a aquellos que no sabían leer ni escribir, y por lo tanto no podían inscribirse en el padrón electoral. En el presente, la amenaza del “analfabetismo funcional” condena a grandes sectores de la población al atraso y a la reproducción de la miseria. 

En la provincia de Buenos Aires, los datos del censo 2010 indican que la tasa de analfabetismo es del 1,4%  (la cuarta más baja del país) para la población mayor de 10 años (13.044.694 personas), siendo un total de 179.008 personas las que no saben leer ni escribir (88.705 varones y 90.303 mujeres).  En el caso de los Barrios Populares censados por la DPE, vemos como esta tasa promedio de analfabetismo del 1,4%, se incrementa hasta 3 veces en los barrios populares del segundo cordón del conurbano bonaerense (Ver Cuadro III) como en el caso del barrio El Garrote en el Municipio de Tigre y Villa Azul en el Municipio de Quilmes. Mientras que en los barrios Don Orione Viejo y Libertad, en el Municipio de Alm. Brown y en Villa Itati, en Quilmes, casi duplican la media provincial.

CUADRO III

Podemos empezar a comprender la situación planteada en los barrios del Conurbano bonaerense, al menos en parte, al analizar otro grupo de datos aportados por el Censo en los Barrios Populares: la condición de escolaridad en la población de 3 años y más. En gran medida la tasa de analfabetismo se explica por el porcentaje de la población que declara nunca haber asistido a la escuela. El razonamiento es básico: no sabe leer porque no asistió a la escuela (Cuadro IV) Aunque también puede percibirse un diferencial entre quienes declaran no haber asistido nunca a la escuela y quienes declaran ser analfabetas.

CUADRO IV

En algunos casos el porcentaje de personas analfabetas supera el de quienes declaran nunca haber asistido a la escuela, en otros la relación se invierte. En el primer caso, podría tratarse de personas que tuvieron un pasaje por el sistema de educación formal por poco tiempo, para luego abandonar sus estudios, no habiendo logrado desarrollar plenamente la lecto-escritura y, con el transcurso del tiempo, hayan perdido esa aptitud.

En el segundo caso, donde el porcentaje de quienes nunca asistieron a la escuela es mayor al de la población analfabeta, podría tratarse de casos en donde las personas accedieron a la lecto-escritura por medio de alguna organización educativa no formal (asociación barrial, Ong´s, etc.) o por sus propios medios. En ambos casos está actuando un condicionante social que obstaculiza la educación. Uno de dichos obstáculos es la proximidad y/o facilidad de acceso a los servicios educativos. Esta “facilidad de acceso”, en el caso de los adultos, no está marcada únicamente por la distancia geográfica a los centros de enseñanza, sino también por otras circunstancias sociales, las cuales habitualmente tienen mayor peso que la proximidad o no de una escuela. Nos referimos a aquellas circunstancias subjetivas y objetivas que atraviesan a la persona y la condicionan restringiendo sus posibilidades.

En el caso de las subjetivas (vergüenza por su condición de analfabeta, desconfianza, desinterés, etc.) se suman las objetivas, basadas en las condiciones materiales de existencia (dificultades económicas, desempleo, imposibilidad de adquirir el material escolar, deber de asistencia a los hijos, familiar enfermo a cargo, etc.).

Un problema vinculado con el analfabetismo, que aparece en el censo realizado por la DPE, es el grado de culminación del nivel de estudio secundario en la población. En promedio, el 70% de la población de los barrios populares no ha completado sus estudios de nivel secundario (Ver cuadro V). Debemos recordar el fuerte impacto negativo que causa la falta de estudios secundarios en el acceso al empleo formal y bien remunerado que se denomina trabajo decente. Sobre este punto, un estudio de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) sobre la trayectoria hacia el trabajo decente en jóvenes argentinos (Bertranou y Casanova, 2015) menciona que “la trayectoria de los jóvenes desde la adolescencia a la adultez es un período de tiempo corto pero extremadamente importante para el ciclo de vida. En el camino hacia el trabajo decente, los jóvenes tienen que sortear una serie de factores que pueden tener impactos de largo plazo”.

En el Cuadro V podemos comprobar que la tasa de no terminalidad de la educación de nivel secundario se ubica en torno al 70% de la población mayor de 25 años habitante en los barrios populares.  Incluso, en el Barrio El Garrote se supera el 80% de no finalización de los estudios secundarios. Estos números muestran como amplios sectores de nuestra sociedad tienen hipotecado su propio futuro al tener en su perfil formativo un fuerte déficit educacional que los relegara a empleos de baja capacitación y bajos salarios.

CUADRO V

Otro dato que no debe pasar desapercibido es el abandono de los estudios formales en los casos de embarazo adolescente, situación que suele resultar un obstáculo para la prosecución de los estudios de las jóvenes. El censo de la DPE obtuvo datos concretos, expresados en el Cuadro VI. Según el estudio realizado por el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación y UNICEF durante el año 2016 la cantidad de nacidos vivos registrados en la Argentina fue de 728.035 niñas y niños. “De este total, 99.324 fueron de madres de menos de 20 años; lo que representa en promedio, 272 por día. Se trata del 13,8% del total de los nacimientos de dicho año: 2.419 correspondieron a madres de menos de 15 años y 96.905 a madres entre los 15 y los 19 años”.

Los datos obtenidos por la DPE para embarazo adolescente son consistentes con la media nacional, e incluso más bajos. Aunque debe tenerse en cuenta que la muestra era pequeña y, por lo tanto, su confiabilidad es reducida.

CUADRO VI

Discusión: ¿por qué persiste el analfabetismo en los barrios populares?

Una primera hipótesis para explicar el alto nivel de analfabetismo de la población residente en los barrios populares censados sería la falta de servicios educativos próximos a estos nucleamientos poblacionales. Pero tal hipótesis no resiste al consultarse la disponibilidad de servicios educativos presentes en la zona. (Cuadro VII).

En el Municipio de Almirante Brown existen 31 servicios educativos para adultos; en el Municipio de Tigre 19 y en el Municipio de Quilmes 37. Estos servicios son los pertenecientes al sistema formal dependiente de la Dirección General de Cultura y Educación (DGCyE). No estamos contabilizando aquellos servicios de alfabetización ofrecidos y brindados por asociaciones barriales, clubs, ONGs, etc.

CUADRO VII

En los tres municipios en donde se encuentran los cinco barrios populares, que formaron parte de los relevamientos censales, existen numerosos establecimientos de gestión estatal destinados a la educación para adultos, tanto a nivel primario como secundario. Metodológicamente, un adulto no alfabetizado que quiera alfabetizarse dentro del sistema formal (también podría hacerlo dentro del sistema no formal que se brinda en asociaciones barriales) iniciaría su estudio en una escuela primaria para jóvenes, adultos y mayores. Por ello llama la atención el hecho que en las proximidades de los barrios populares censados existe una amplia oferta de educación para adultos dentro del sistema formal de gestión estatal.  

Consultado en la página web de la DGCyE, el “Mapa Escolar” (sistema SIG online de georeferenciación de la infraestructura escolar) puede observarse que en torno a los cinco barrios populares existe una abundante oferta escolar destinada a la educación para adultos (Ver gráficos I, II y III). En los gráficos solo incluimos los casos de establecimientos de enseñanza pública primaria para adultos (círculos rojos).

Grafico I (Villa Itati – Villa Azul, Quilmes)

Grafico II (Don Orione Viejo y Barrio Libertad, Alt. Brown)

Grafico III (Barrio El Garrote, Tigre)

Podemos comprobar cómo, en un radio no mayor a tres kilómetros de los barrios populares relevados, pueden encontrarse varias escuelas públicas en donde podría efectuarse la alfabetización de los residentes de los barrios populares. En el caso del Municipio de Quilmes (Villa Itatí y Villa Azul) existen 16 escuelas para adultos (incluso una dentro de Villa Itati); en el caso del Municipio de Almirante Brown (Barrio Don Orione Viejo y Barrio Libertad) hay 6 escuelas para adultos (una dentro del Barrio Don Orione); y en el caso del Municipio de Tibre (Barrio El Garrote) podemos encontrar 4 escuelas para adultos.

Teniendo en consideración esta información creemos entonces que no se trata de un problema de falta de oferta educativa destinada a adultos. En ese sentido, podemos deslizar la hipótesis de que, en realidad, se trata de un problema en la demanda de la misma. Volvemos entonces a mencionar los obstáculos para la educación ya mencionados que impiden a un adulto alfabetizarse[a].

Comúnmente se refiere que, en el proceso de enseñanza-aprendizaje, existen obstáculos internos y externos. Entre los primeros encontramos aquellos problemas vinculados con lo económico, político y cultural que condiciona la vida de los estudiantes (desempleo, hijos a cargo, patologías, etc.) y entre los segundos aquellos relacionados directamente con la educación (capacitación profesional, técnicas, infraestructura escolar disponible, etc.). Históricamente los primeros han sido los obstáculos más difíciles de superar, básicamente, aquellos vinculados con la pobreza y marginalidad socio-cultural. Un integrante de una familia que atraviesa dificultades económicas debe optimizar el uso de su tiempo en la obtención de recursos y puede no estar dispuesto a distraer energías en otra tarea que no se relacione directamente con esto. Además, esta situación que se ve agravada cuando al cuadro se suma verdaderamente un aislamiento geográfico (isleros, peones de campo situados en puestos distantes, etc.) que dificulta el acceso al servicio educativo. También puede influir el tema de la inseguridad en los barrios en donde, luego de determinado horario, la estrategia de autopreservación es permanecer en el hogar y no salir al exterior. En estos casos la asistencia a un turno nocturno podría verse desalentada. En síntesis, los obstáculos internos y externos pueden resumirse o caracterizarse como obstáculos objetivos (condiciones materiales) y subjetivos (los propios del sujeto), en ambos casos se deben identificar qué condiciones sociales y circunstancias individuales del sujeto impiden –son obstáculo- para la alfabetización y educación, para de esa forma actuar sobre los mismos.

El Costo Económico del Analfabetismo: peor distribución del ingreso

El primer “costo” del analfabetismo es el que sufre el analfabeto, en términos subjetivos, por la exclusión padecida al no tener acceso a los recursos simbólicos y culturales compartidos por el resto de las personas alfabetizadas. A eso se suma el costo económico en términos de ingresos no generados o subgenerados. La brecha educativa anticipa la brecha en el ingreso y el analfabetismo incidirá en la posición social, los ingresos económicos y el capital cultural de los sujetos.

La distribución de ingresos muestra una asociación significativa entre los ingresos de los trabajadores y los años de escolaridad y de experiencia (Martínez – Fernández 2010). Estos autores, en coincidencia con otros trabajos similares, sostienen que entre los analfabetos absolutos y quienes logran una alfabetización funcional (hasta seis años de escolaridad) culminaran su ciclo de vida laboral con un nivel de ingresos medios similares o levemente superiores a los alcanzados en los primeros años de trabajo. En el caso de quienes alcanzaron un nivel de educación de secundaria baja (8 a 9 años) o secundaria alta completa (11 a 12 años), culminan dicha etapa con un ingreso promedio entre dos y tres veces el de los primeros años de trabajo.

Un pueblo educado no solo es más productivo per se en términos económicos, también está mejor preparado para identificar y sacar provecho de las oportunidades. Por el contrario, el déficit educativo repercute negativamente en la empleabilidad de las personas, sumado a que en el caso del analfabetismo éste siempre implica una gran limitación para conocer sus derechos lo que puede derivar en aceptar trabajos bajo condiciones de precariedad laboral y mala remuneración.

Un buen ejemplo sobre las dificultades que afectan negativamente las posibilidades de obtener un empleo y generar ingresos para sí mismo y para el grupo familiar, se da en el caso de la imposibilidad de obtener el carnet de conducir por parte de las personas analfabetas.

El artículo 14 de la Ley N° 24.449, Ley de Tránsito, establece entre los requisitos para obtener la Licencia Nacional de Conducir “Saber leer y para los conductores profesionales también escribir”. En este caso podemos ver como el analfabetismo resulta en un obstáculo condicionante que repercute negativamente en las chances laborales de las personas, ya que sin licencia no podrá conducir un automotor en forma profesional (transporte de pasajeros, reparto de mercaderías, etc.).

Si bien existen diversos programas que tratan sobre esta problemática específica, e incluso la resuelven eficientemente creando una oportunidad donde había un impedimento, se trata de iniciativas locales que no se han generalizado.[b] Téngase presente que, en este sentido, existe una deuda pendiente. El propio texto de la Ley Nacional de Educación establece en su artículo 138 que: “…se impulsará la adopción de programas de relevamiento, difusión, comunicación, orientación y apoyo a dichas personas cuando efectúen gestiones administrativas y participen de programas tales como la tramitación del Documento Nacional de Identidad, licencia para conducir y campañas de vacunación, entre otros”.

Es decir, la ley marca un sendero para hacer de una dificultad una posibilidad, ya que le ordena al Estado implementar medidas de acción positivas para apoyar a las personas (analfabetas) que efectúen gestiones administrativas. En estos casos al contactarse la persona con el Estado, éste debería detectar el caso e informar y ofrecer al individuo la posibilidad de alfabetizarse. El trámite administrativo (por ejemplo, obtener la licencia de conducir) es el medio para satisfacer un fin superior que es lograr incorporar a la persona a un curso de alfabetización. Se trata de aprovechar la ocasión de ese contacto con el Estado.

Esta situación que vincula nivel educativo y empleo se ve reflejada en el caso de la provincia de Buenos Aires en el hecho que el nivel de instrucción de la fuerza laboral ocupada en la provincia es uno de los más bajos de Argentina; en el segundo trimestre de 2017 sólo el 57,4% de los ocupados urbanos había terminado el nivel secundario (el segundo porcentaje más bajo después de La Pampa) y apenas el 16,0% tenía el nivel de instrucción superior completo (el más bajo del país. Este bajo nivel de terminalidad educativa contrasta con el nivel de infraestructura escolar instalada en la provincia, en donde a febrero del año 2018 existen un total de 14.430 unidades educativas de gestión pública (más 6.250 de gestión privada), de las cuales 1.890 son de educación para adultos (574 de nivel primario, 808 de nivel secundario, 126 FINES y 382 formación profesional) mientras que la cantidad de cargos de DGCyE ascendía a 233.047 (presupuesto año 2019).

La cantidad de alumnos en la modalidad de educación para adultos (primaria) bajo la gestión estatal, ascendía en el año 2019 a un total de 78.779.  Constituye una discusión aparte la calidad de la infraestructura escolar instalada, así como los sueldos y la capacitación de los docentes. Seguramente, en muchos casos hace falta mucha mayor inversión, pero el punto que queremos señalar es que prima facie en la provincia de Buenos Aires también existe una capacidad educativa instalada, capaz de resolver o reducir significativamente el problema de analfabetismo. 

Si bien es un hecho que, en la actualidad, los indicadores sociales están señalando que la pobreza medida según nivel de ingresos alcanza y afecta incluso a amplios sectores de población ocupada; y si bien es verdad que la inserción laboral y el nivel educativo alcanzado no son en sí condición suficiente para salir de la pobreza y asegurar el éxito, entendemos que sí resultan ser condición necesaria para la mejora socioeconómica del individuo y de su grupo familiar. A su vez, la inserción laboral tiene una relación directa con el nivel de educación alcanzado, en donde la alfabetización básica resulta una condición indispensable para poder seguir avanzando en los niveles educativos subsiguientes (primario, secundario, universitario, postgrado).

Conclusiones

La educación es un derecho humano fundamental cuya duración temporal se extiende a lo largo de toda la vida de las personas ya que la educación y la formación son permanentes. El analfabetismo constituye un estado de negación y vulneración de este derecho elemental y constituye una misión indelegable del Estado implementar medidas de acción positivas tendientes a satisfacer debidamente este derecho humano.

Según surge del análisis de los datos de porcentaje de analfabetismo en un grupo de cinco barrios populares determinados (los relevados por la DPE), cruzado con los datos de la oferta de educación formal para adultos de la zona proximal al nucleamiento poblacional (suministrado por la DGCyE – mapa escolar), la oferta de educación primaria para adultos existe y resulta de fácil acceso.

Surge la pregunta ¿entonces porque estos barrios populares poseen tasas de analfabetismo que triplican la media si existen servicios educativos a su alcance? Creemos que la respuesta a este interrogante es que existen obstáculos a la educación que dificultan y/o niegan el acceso a la alfabetización. Se requiere entonces de la intervención del Estado para que a través de políticas públicas activas se logren superar los mencionados obstáculos, los cuales no son otros que los propios que surgen de la pobreza y la marginalidad.

Siendo el Estado el principal responsable de garantizar el derecho a la educación, es el Estado el responsable de concretar este derecho con políticas sociales efectivas. Una forma es yendo directamente a contactarse con el individuo potencialmente beneficiario de estas políticas sociales. El Estado conoce con nombre, apellido y dirección que ciudadanos son analfabetos (o al menos lo eran durante el censo 2010). Incluso, este año contaremos con información aún más actualizada ya que se realizará el Censo 2020. ¿Por qué entonces no contactarlos? Así podremos escuchar sus necesidades y diagramar una respuesta personalizada.

Creemos que existe un completo dispositivo de terminalidad educativa del que dispone el gobierno provincial, recurso que creemos está siendo subutilizado, al menos en la etapa crítica que es la de alfabetizar adultos.

El analfabetismo resulta tan grave y lesivo al derecho humano a la educación, coartando posibilidades de crecimiento individual y limitando superlativamente el desarrollo e inserción laboral de las personas, que requiere de una respuesta fuerte y contundente por parte del Estado. Es allí, donde existe mayor pobreza y marginalidad en donde el Estado debe tener una mayor presencia, ya que es su deber legal y ético garantizar derechos y evitar la conculcación de los mismos. En los cinco casos tratados se trata de núcleos urbanos reducidos, en donde sobre una población total en los cinco barrios de menos de 20.000 personas mayores de diez años 687 no saben leer ni escribir. Es decir, la demanda de alfabetización no se encuentra dispersa en el territorio sino concentrada en puntos determinados del mismo, al menos en estos casos, lo que facilitaría la tarea de efectores sociales que concurran en busca de los mismos para informarlos de las posibilidades de alfabetización y busquen en conjunto la forma de sortear los obstáculos de la educación atendiendo caso por caso.

También debemos tener en cuenta que el analfabetismo y el déficit en educación puede afectar de manera diferencial según el género. Por ejemplo, las mujeres analfabetas o con una baja escolaridad, al poseer menos posibilidades laborales y por consiguiente de acceso a bienes y servicios, se encontrará en su vida adulta en una peor posición de independencia económica, dependiendo económicamente de sus parejas varones, corriendo el riesgo de sufrir violencia de género y violencia económica y viéndose imposibilitada de romper con la relación por una mera cuestión de supervivencia material de ella y de sus hijos.

Estamos convencidos que la brecha educativa anticipa la brecha en el ingreso, y ésta genera las condiciones materiales para la perpetuación de la pobreza. Es un circulo viciosos que se retroalimenta y que suele transmitirse a la siguiente generación. Solo la adecuada intervención del Estado es capaz de romper con esta transmisión transgeneracional de la pobreza, incorporando y manteniendo a los niños de sectores humildes dentro del sistema educativo, asistiéndolos en lo que resulte necesario y proveyendo una educación de alta calidad, que los prepare para el mundo del futuro. Al mismo tiempo el Estado es capaz de realizar una intervención sincrónica, con independencia de la edad de la persona, para re-incorporarlo al sistema educativo y alfabetizarlo.

Sugerencias de Medidas y Políticas Públicas a Implementar

Aprovechar el inicio del ciclo lectivo 2020 para:

  • Intensificar la oferta de educación para adultos en los centros educativos de gestión estatal próximos a los barrios bonaerenses mencionados, incrementando la oferta horaria;

 

  • Movilizar los recursos existentes optimizando la utilización de los dispositivos de alfabetización y los de terminalidad educativa con que cuenta el Estado provincial;

 

  • Invitar personalmente a las personas que ante los registros públicos figuran como analfabetas, utilizando para ello la información asentada en los registros públicos.

 

  • Implementar medidas proactivas por parte de los efectores de trabajo social de los municipios, visitando directamente a las personas analfabetas en su domicilio para informarlos sobre las posibilidades de alfabetización para adultos disponibles y accesibles en la zona;

 

  • Implementar una metodología de intervención socio-educativa buscando individualizar a las personas analfabetas para ofrecer una asistencia personalizada acorde a cada situación personal;

 

  • Asistir con material educativo impreso y/o material escolar (lapicera, anotadores, etc.) a las personas que participen en programas de alfabetización con problemas económicos y/o desempleadas;

 

  • Implementar un programa de becas de alfabetización para adultos;

 

  • Incorporar a los planes de alfabetización de adultos contenidos que permitan reducir la brecha digital y el manejo de tecnologías de la comunicación e información;

 

  • Implementar programas que capten interesados en alfabetizarse a través de respuestas especificas a circunstancias e intereses individuales, como los programas que utilizan el trámite de obtención de Licencia de Conducir como disparador para que el interesado acceda a un curso de alfabetización en el marco de lo establecido en el artículo 138 in fine de la Ley Nacional N° 26.206 de Educación Nacional.

 

 

 

 

 

 

 

(1) waltermartello.com.ar/como-impactan-las-distintas-formas-de-analfabetismo-en-argentina/

[2] https://www.oecd.org/sti/1888451.pdf Pág. 5

[3] https://educacionadultos.com.ar/alfabetizacion-pba-ser-parte/

[4] https://educacionadultos.com.ar/

[5] https://educacionadultos.com.ar/terminalidad-en-barrios-vulnerables/

[6] https://educacionadultos.com.ar/educacion-en-entornos-laborales/

[7] https://educacionadultos.com.ar/familias-a-estudiar/

[8] https://educacionadultos.com.ar/secundaria-rural/

[9] https://educacionadultos.com.ar/terminalidad-secundaria-para-la-administracion-publica/

[10] http://www.estadistica.ec.gba.gov.ar/dpe/images/Informe_Censo_Villa_Itat%C3%AD_-_Villa_Azul_1.pdf Pág. 9

[a]   Más adelante concluiremos, al refinar nuestra hipótesis, que en realidad existe un déficit por parte del Estado para vincular su oferta educativa a la demanda, sorteando los obstáculos socioeconómicos y socioculturales de esta población.

[b] En Mendoza existe una modalidad especial destinada a las personas analfabetas que quieran obtener su Licencia de Conducir en donde participando de una capacitación previa, recibiendo la ayuda de un amigo que le lea en voz alta la normativa de tránsito y luego rindiendo el examen teórico de manera oral, tienen la capacidad de acceder a su licencia. Similar actitud se realiza desde la Municipalidad de Rosario con el programa “Yo sí Puedo” en donde las personas analfabetas que concurrieron a solicitar la licencia de conducir recibieron una capacitación en lecto-escritura con una duración de 3-4 meses en base a las señales viales. El programa se inició hace siete años y ya ha alfabetizado a 150 personas. En Mar del Plata desde mayo de 2019 existe el programa “Conduciéndonos” implementado por la Subsecretaria de Transito en colaboración con la Secretaria de Cultura, y con la Asociación de Fomento y Biblioteca de barrio Bosque Alegre, en donde se dicta un curso de alfabetización general e interpretación de las señales de tránsito.

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