Drogas sintéticas: el viaje interminable


El 80% de los chicos/as que consumen drogas de diseño creen que son más inofensivas que el alcohol. Informes oficiales afirman que son más los que opinan que el éxtasis no implica ningún riesgo entre quienes tienen entre 18 y 24 años respecto a los adolescentes (12 a 17 años). El caso de Milagros, una joven argentina de 19 años que falleció en una fiesta electrónica en España tras consumir drogas sintéticas, nos hace reflexionar sobre un flagelo que se expande a pasos acelerados

 

Fragmentos del libro “Salió Mal” de Walter Martello de próxima aparición:

 

“Si algo aprendí de las drogas sintéticas es que nunca, pero nunca, hay que mezclar dos ácidos puros, la podés pasar muy mal. De hecho, la pasé muy mal varias veces. En una oportunidad, me mandé dos Mario Bros de LSD puros (pepa), en un departamento de 3 x 2, en medio de problemas emocionales y de pareja. De un momento a otro empecé a sentirme en una situación de confusión extrema, paranoia y persecución. No sé cómo estoy viva para contarlo”.

Estefanía, 26 años

 

Se dijo a ella misma: “nunca más”. Las experiencias psicodélicas, cargadas de adrenalina, que tuvo luego de haber ingerido pepas y pastillas de todas las formas y colores, en fiestas electrónicas y en distintos eventos privados, se terminaron transformando en algo sumamente oscuro, difícil de explicar con palabras. Algo así como un profundo bajón, con delirios de persecución.

 

“En una misma noche, en un rango de 4 horas, mezclé MDMA (éxtasis), LSD y pastillas. Salí robótica, no podía flexionar las rodillas y el viaje de vuelta a mi casa, caminando, se hizo interminable. Seguí drogándome con MDMA todo el día, estuve despierta como 40 horas seguidas. Fumé porro, al toque le di a la anfetamina, y quedé cruzada… Llegué a estar hundida en sillones porque el cuerpo te responde súper lento. El sistema nervioso y cardiaco lo tenés a mil. Te desespera, podés tener un ataque cardíaco tranquilamente…

El MDMA con alcohol te deshidrata demasiado. Por eso se toma agua. He vomitado agua por beber tanto, es el otro extremo que tampoco se recomienda…”

 

Tefa, como le dicen sus amigas, afirma que en el ambiente del que ella es parte casi todos consumen, en mayor o menor medida. Trabaja como relacionista pública para organizadores de eventos privados, especialmente fiestas electrónicas. Ahora intenta cambiar el rumbo, correrse un poco en busca de nuevos desafíos: también es fotógrafa profesional.

Desde hace unos meses, Estefanía se viene preguntando si realmente valieron la pena aquellas noches que se hacían eternas, las sensaciones de estar en un viaje interminable que iba de la mano de tener a su alcance cócteles de ácidos, pastillas y polvos.

¿Qué sentido tiene moverse frenéticamente, durante horas, al ritmo de los ruidos que salen de un sintetizador, si después ese frenesí, de un momento a otro, aparece la depresión y angustia? El análisis de Tefa es el siguiente:

“El bajón del éxtasis es muy complicado. Primero te sube la serotonina a un extremo casi utópico y cuando bajás, te deja vacía, hasta que vuelve a recargar. A las 48 horas de haber consumido, sufrís episodios de depresión profunda. Llorás por nada, no le encontrás sentido a nada, te ponés demasiado introspectiva. Es uno de los motivos por los que dejé de hacerlo. Para evitar esos efectos adversos me mantenía drogada más tiempo, era un flash que no terminaba más”.

Estefanía hace memoria. Repasa las drogas sintéticas de mayor circulación: éxtasis, LSD. De este último, lo más vendido es el denominado “25I-NBOME” [i]que, según afirma, “es una pepa amarga, más barata y más sensorial, de efecto extendido y de mas corte físico”. También está la KETA o Ketamina, anestesia de uso veterinario que pasada del estado líquido al sólido (polvo) se consume por la nariz.

¿Por qué las pastillas de éxtasis vienen con distintos dibujos y/o logotipos como Mario Bros, Apple, Snapchat, Rolls Royce, Rolex o Nespresso? “El dibujo en general puede variar y ser la misma droga.  Se hacen dibujitos de todo porque precisan renovar los moldes, de lo contrario la cana agarra al dealer con facilidad”, afirma Tefa.

La joven relacionista pública tiene muy presente lo ocurrido en Time Warp, la fiesta electrónica que tuvo lugar en el predio de Costa Salguero, el 16 de abril de 2016, donde murieron cinco chicos. La causa judicial, al momento de escribirse este libro, va por el tercer juez y tiene 38 imputados[ii].

Los familiares de las víctimas apuntan a que se trató de una tragedia evitable, remarcando como factores claves la deshidratación, el hacinamiento, la falta de control y la mala atención médica. Esa droga da sed. Las canillas de los baños estaban cerradas. El agua Block se vendía como oro: cien pesos la botella, en 2016. Había sólo seis ambulancias y socorristas contratados sin ninguna experiencia.

Argentina: Más incautaciones, más consumo

 El aumento de los datos sobre incautaciones de las fuerzas de seguridad muestra que los mercados para los estimulantes de tipo anfetamínico han aumentado de forma considerable.

Ahora bien, al analizar específicamente lo que ocurre con el éxtasis, aparece que esta droga solo representa una porción relativamente pequeña de la cantidad total de estimulantes de tipo anfetamínico secuestrados. Peor aún: las cantidades interceptadas vienen en descenso. De forma paralela, su consumo, especialmente entre jóvenes, no para de crecer lo que da cuenta que los dealers y bandas que se dedican a la comercialización de esta droga están teniendo éxito al evadir el accionar de la Justicia y de las fuerzas de seguridad.

 

El mercado ilegal de éxtasis es tan dinámico y cambiante que se vuelve cada vez más complicado a la hora de combatir. Eso no es todo, entre los jóvenes, está extendida la creencia que su ingesta o inhalación no implica consecuencias para la salud, siendo una de las causas que podría explicar el aumento sideral en el consumo que se viene registrando, en los últimos años, ubicando a la Argentina entre los países del continente con mayor prevalencia luego de Estados Unidos, Canadá, Belice y Uruguay.

El uso de éxtasis está circunscrito a poblaciones muy específicas, por lo que se hace difícil determinar su prevalencia en encuestas tradicionales, como las de población general. La situación es distinta en las encuestas de estudiantes de enseñanza secundaria, donde tradicionalmente se encuentra entre las drogas sintéticas de mayor consumo.

La Sedronar, en sus estudios sobre factores de riesgo, incluyó al éxtasis y otras drogas sintéticas[iii]. De forma similar a lo realizado con la marihuana y el alcohol, se indagó a personas de entre 12 y 65 años sobre: “En su opinión, ¿cuál cree usted que es el riesgo que corre una persona que consume…?”. Y las opciones de respuesta contemplaron las siguientes opiniones: “ningún riesgo”, “riesgo leve o moderado”, “gran riesgo” y “no sabe qué riesgo corre”.

Los resultados fueron alarmantes. Entre aquellos que tienen o tuvieron un uso experimental u ocasional de éxtasis, afirmaron percibir menores riesgos que aquellos referidos al alcohol (80,6%), tabaco (82,5%) y psicofármacos (cerca del 80%).  En ese sentido, particular atención merece el hecho de que, por ejemplo, son más los que opinan que el éxtasis no implica ningún riesgo entre quienes tienen entre 18 y 24 años respecto a los adolescentes entre 12 y 17 años.

Un gran problema que representan las drogas sintéticas a las fuerzas de seguridad es la alta furtividad de sus puntos de fabricación ya que estos no requieren de grandes espacios ni de instalaciones complejas.

Una persona con conocimientos básicos de química puede armar un laboratorio de producción de metanfetaminas en la cocina de su casa utilizando como precursores ingredientes legales que se compran en el supermercado o en la ferretería. Esta situación plantea un nuevo desafío para los gobiernos que a la fecha no ha encontrado una respuesta satisfactoria.

El peor escenario posible es muy factible: la proliferación de pequeños laboratorios caseros, casi indetectables, fabricando en pésimas condiciones de control un producto peligroso, pero de alta rentabilidad y reducido volumen, fácil de mover y ocultar. El futuro es inquietante, y las fuerzas de seguridad y organismos de control deben capacitarse para esta nueva

[i]El 25I-NBOMe fue sintetizado en 2003 y todavía no ha sido clasificado, siendo habitual que se considere un “químico en pruebas”. Esta droga ha sido responsable de numerosas muertes que son consecuencia de su toxicidad y las dosis. El 25I-NBOMe puede afectar a la vasoconstricción (estrechamiento de los vasos sanguíneos) y entre sus efectos secundarios negativos se puede incluir entumecimiento periférico e inflamación de las extremidades. Mientras el LSD se agrupa en la categoría de indol/triptamina, el 25I-NBOMe se clasifica dentro de las fenetilaminas. Ambas sustancias pueden ser consumidas a través de papel absorbente, lo cual incrementa las posibilidades tanto de confundirlas como de su comercialización engañosa.

Sin embargo, existen varias formas de diferenciar estas sustancias e identificar cuál de ellas se está a punto de ingerir y de experimentar sus efectos. Una manera de distinguirlas, que no sirve para evitar su ingesta, es la diferencia en cuanto a sabor. El LSD tendrá un ligero regusto metálico o apenas sabor en absoluto. El 25I-NBOMe, por otra parte, desprende un sabor amargo.

 

[ii]“A tres años de la Time Warp, trajeron del exterior un aparato para una pericia clave”, Diario Clarín, 13 de abril de 2019.

https://www.clarin.com/sociedad/anos-time-warp-trajeron-exterior-aparato-pericia-clave_0_mNplq_gTF.html

[iii]“Estudio Nacional en Población de 12 a 65 años sobre Consumo de Sustancias Psicoactivas – Factores de riesgo en el consumo de sustancias psicoactivas”, Sedronar, Argentina, 2017

 

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