Crece la medicalización de la vida cotidiana

La Argentina muestra un creciente consumo de psicofármacos desde hace más de una década, situación que en el último año se profundizó producto de factores sociales y psicológicos vinculados a la pandemia COVID-19.

Ejemplo del impacto de la emergencia sanitaria se puede observar en los informes realizados desde el Observatorio de la Confederación Farmacéutica Argentina (COFA) sobre el mercado de medicamentos en la Argentina. Uno de los relevamientos[1] exhibe que entre los 15 medicamentos más vendidos del país aparecen dos psicotrópicos fabricados por laboratorios nacionales que se venden bajo receta archivada:

  • Clonazepam: benzodiazepina de alta potencia que se emplea en tratamiento para la epilepsia y en pacientes con diferentes tipos de trastornos psiquiátricos.
  • Alprazolam: benzodiazepina que se utiliza para el tratamiento de los estados de ansiedad, especialmente en las crisis de angustia, agorafobia, ataques de pánico y estrés intenso.

 

La venta de ambos medicamentos registró una suba en el periodo enero-noviembre de 2020 respecto a igual periodo de 2019: se vendieron 187.009 unidades más de clonazepam (+3,93%) y 286.801 unidades más de alprazolam (+6,31%).

Asimismo, otro relevamiento difundido por la COFA, que abarca específicamente los medicamentos que actúan sobre el Sistema Nervioso Central (no incluye nombres comerciales), muestra un crecimiento promedio de 6,50% en 2020, es decir que el mercado de este grupo se extendió en 6.990.573 unidades. Ahora bien, entre los aumentos más significativos, por encima del promedio, se destacan los neurotónicos (10,04%); los hiptónicos y sedantes (9,18%), y los antipsicóticos (8,59%)[2].

 

Si bien estos indicadores pueden no resultar demasiado significativos si los comparamos con la evolución de las ventas de medicamentos promocionados mediante millonarias campañas publicitarias, y a los que se puede acceder sin recetas, como el paracetamol de 1g (+71,46% en el último año) o el paracetamol con diclofenac (+31,58%), consideramos que el crecimiento de las ventas de benzodiazepinas no es menor.

Concretamente, a nivel global el mercado total de unidades dispensadas mostró una retracción en 2019 y creció apenas el 1,35% en 2020[3].

Desde la COFA concluyen:“2019 fue un año recesivo, con merma importante en el número de unidades dispensadas. El 2020 estuvo atravesado por la pandemia COVID-19, con el aislamiento social preventivo y obligatorio desde el 20 de marzo hasta noviembre y por el distanciamiento durante diciembre”.

Ahora bien, teniendo en cuenta este panorama general, no podemos dejar de advertir que las ventas de unidades de clonazepam casi que triplicaron al promedio general mientras que la diferencia fue de casi 5 veces en lo que se refiere al alprazolem.

 

Asimismo, los indicadores de la Argentina son similares a los registrados en países como España donde las autoridades farmacéuticas vienen advirtiendo un fuerte incremento y hablan de una suba de entre 4,8% y 6% en la venta de antidepresivos en cantidad de unidades[4].

Según Esteban Wood, especialista en políticas públicas sobre drogas, “los datos ponen en evidencia varias aristas. Por un lado, la facilidad de acceso a medicamentos que deberían estar sujetos a estricto control. También a la automedicación y a la medicalización de la vida cotidiana, como consecuencia del punto anterior. Y, por otra parte, el factor estímulo que representan las publicidades de medicamentos y la construcción de ese ideal de no sentir dolor ni malestar alguno, sólo por comprar tal o cual medicamento”.

El impacto de la pandemia del COVID-19 en el consumo de psicofármacos se da en un país como la Argentina donde, antes de la cuarentena del año pasado, se estimaba que 15 de cada 100 ciudadanos y ciudadanas –casi 3 millones de personas– consumía drogas bajo prescripción médica o bajo receta[5].

Otros indicadores informados por la Sedronar, previos a la pandemia, son por demás elocuentes:

  • El ultimo relevamiento (año 2017) estimó que la incidencia del consumo de tranquilizantes sin prescripción médica fue del 0,6% de la población en riesgo, lo que equivale a 105.971 nuevos consumidores respecto a la medición anterior.
  • La edad promedio de inicio en el consumo de tranquilizantes o ansiolíticos sin receta fue cercana a los 25 años. El inicio se produjo más tempranamente en varones que en mujeres.
  • Entre aquellos que refirieron consumo actual de tranquilizantes o ansiolíticos sin prescripción médica, en la mayoría de los casos, el medicamento fue suministrado por un amigo o amiga.
  • Entre quienes refirieron haber consumido tranquilizantes o ansiolíticos alguna vez en la vida, la mayor parte de los tranquilizantes consumidos pertenecen al grupo de las benzodiacepinas, en mayor medida Clonazepam (55,6%) y Alprazolam (30,2%).
  • 2 de cada 10 personas (21,1%) que consumieron alguna vez en la vida tranquilizantes lo hicieron sin prescripción médica o iniciaron el consumo por prescripción médica y luego lo continuaron por su cuenta. El consumo sin prescripción médica en varones (31,7%) duplicó al de las mujeres (14,2%).
  • El tipo de consumo muestra diferencias según los grupos etarios. Mientras que, entre los que tienen 50 a 65 años el 94,3% de los casos consumieron tranquilizantes bajo un tratamiento médico exclusivamente, entre los jóvenes de 18 a 24 años más de la mitad de los casos (53%), refirieron consumo sin prescripción médica.
  • En el 48,9% de los casos de consumo exclusivo bajo receta fue un médico generalista quien recetó el tranquilizante y en un 37,2% fue un médico psiquiatra. En un porcentaje algo inferior (12,3%) los tranquilizantes fueron recetados por otros especialistas.
  • Unas 1.176.351 personas, 6,2% de la población, declaró haber usado alguna vez analgésicos opiáceos sin indicación médica.
  • El 2,3% consumió alguna vez en su vida alucinógenos, aproximadamente unas 309.000 personas de las cuales el 42 % tiene entre 25 y 34 años.

Ante este panorama, y si bien aún es motivo de estudio el impacto que está teniendo la pandemia en el consumo de psicofármacos, una investigación realizada por profesionales del Instituto Cardiovascular de Buenos Aires y de la Escuela de Salud Pública de Córdoba, da algunos indicios de lo que podría estar ocurriendo[6].

La investigación, que abarcó a casi 5000 cuestionarios contestados en 2020, buscó indagar acerca de la prevalencia de ansiedad y depresión en pacientes con enfermedades cardiovasculares durante la pandemia COVID-19. Uno de los resultados arrojó que el 28.8% de la muestra total recibía psicofármaco de los cuales el 18.9% incrementaron la dosis durante el Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio (ASPO) del año pasado.

Asimismo, la prevalencia de ansiedad y depresión fue mayor en quienes aumentaron la dosis de psicofármacos comparado con quienes mantuvieron la dosis habitual (ansiedad 43% vs. 14.9%); depresión (41.4% vs. 20.1%).

Resultados similares arrojó un estudio realizado por el Observatorio de Adicciones y Consumos Problemáticos de la Defensoría del Pueblo bonaerense. La investigación, realizada en las primeras semanas de la ASPO 2020, mostró que 3 de cada 10 personas entrevistadas, casi el 30%, admitió que su estado de ánimos sufrió cambios de mediana (25,6%) o de gran (4,1%) intensidad desde el inicio de la pandemia. Asimismo, 2 de cada 10 personas (20,8%) que ya consumían sustancias dijeron que aumentaron dicho consumo: tabaco (39,9%), alcohol (36,5%) y ansiolíticos/antidepresivos (10,1%).Eso no es todo: un dato a tener en cuenta es que el 14% de los que reconocen haber aumentado el consumo de psicofármacos dice que accede a esos medicamentos sin receta ni indicación médica: se lo facilitan familiares, amigos y/o conocidos.

Riesgos

Las benzodiazepinas son medicamentos psicotrópicos (es decir, actúan sobre el Sistema Nervioso Central) con efectos sedantes, hipnóticos, ansiolíticos, anticonvulsivos, amnésicos y miorrelajantes. El abuso o el uso incorrecto de este tipo de drogas pueden provocar una sobredosis o la muerte, especialmente cuando se combinan con otros medicamentos, como analgésicos opioides, alcohol o drogas ilícitas.

Asimismo, la dependencia física puede ocurrir cuando las benzodiazepinas se toman de manera constante durante varios días o semanas. Suspenderlas abruptamente o reducir la dosis demasiado rápido también puede provocar reacciones de abstinencia, incluidas convulsiones, que pueden poner en peligro la vida[7].

¿Qué hacer?

Es indispensable adoptar políticas públicas enfocadas en el “uso racional de los medicamentos”, entendida como condición por la cual las y los pacientes reciben la medicación adecuada a sus necesidades clínicas, en las dosis correspondientes a sus requisitos individuales, durante un período de tiempo adecuado y al menor costo posible para ellos y para la comunidad (OMS, 1985)[8].

Según un documento de la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANNMAT)[9] si algunas de las condiciones descriptas en la definición no se cumplen, se produce entonces lo que se conoce como “uso irracional del medicamento”.

Asimismo, tanto el uso inapropiado como excesivo de medicamentos supone un desperdicio de recursos, y genera un considerable perjuicio al paciente en cuanto a la falta de resultados positivos (eficacia) y a la incidencia de efectos adversos.

El marco normativo vigente en la Argentina -Ley 16.643 de Medicamentos, Ley 25.649 de prescripción por genéricos, Decreto 1424/1997 del Programa de Garantía de Calidad de Atención Médica y Resolución 1412/2007 del Ministerio de Salud de la Comisión Nacional Asesora para el Uso Racional de Medicamentos-, no alcanza a trascender para cumplir los objetivos que se propone.

En ese sentido, es necesario avanzar en campañas de concientización pública y de capacitación profesional, regulando lo atinente a la coordinación jurisdiccional, con una estrategia comunicacional que transmita mensajes efectivos a toda la comunidad.

Existen varios proyectos de ley presentados en el congreso nacional que pueden servir de insumo básico para un nuevo marco normativo integral de uso racional  que contemple, además de las medidas ya señaladas, recomendaciones que viene realizando la Organización Panamericana de la Salud (OPS)[10] respecto a la adopción de regulaciones de promoción, publicidad y propaganda de medicamentos basadas en criterios éticos.

 

[1]http://observatorio.cofa.org.ar/index.php/2021/01/14/los-15-productos-mas-dispensados-del-mercado-total-de-medicamentos-en-argentina-primeros-11-meses-de-2020/

[2]http://observatorio.cofa.org.ar/index.php/2021/05/14/evolucion-de-las-dispensas-de-farmacos-del-sistema-nervioso-actualizacion-2020/

[3]http://observatorio.cofa.org.ar/index.php/2021/02/17/evolucion-del-mercado-farmaceutico-durante-2020/

[4]https://www.redaccionmedica.com/secciones/farmacia/espanoles-aumentan-consumo-antidepresivos-segunda-ola-covid-1398

[5]https://observatorio.gov.ar/media/k2/attachments/PsicofrmacosZ2017Z3010_1.pdf

[6]https://www.fac.org.ar/revista/articulo.php?vol=49&num=3&art=35&idioma=es

[7]https://www.fundacionfemeba.org.ar/blog/farmacologia-7/post/fda-benzodiazepinas-actualizacion-de-la-advertencia-de-recuadro-para-mejorar-el-uso-seguro-48388

[8] https://www.paho.org/hq/index.php?option=com_content&view=article&id=1417:2009-uso-racional-medicamentos-otras-tecnologias-salud&Itemid=1180&lang=es#:~:text=La%20Conferencia%20de%20Expertos%20sobre,dosis%20ajustadas%20a%20su%20situaci%C3%B3n

[9] http://www.anmat.gov.ar/Medicamentos/Uso_Racional_de_los_Medicamentos.pdf

[10]https://iris.paho.org/handle/10665.2/28440

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