Recortes presupuestarios dificultan el acceso de los jóvenes a la educación digital

La última medición del INDEC determinó que los precios de telefonía (celulares) e internet superaron el 60% durante el último año en el Gran Buenos Aires. Ello generó serias trabas en el acceso a las tecnologías de la información, a punto tal que se registró una caída en el uso y acceso a la red desde dispositivos móviles.

En tanto, el presupuesto del Plan Nacional de Educación Digital sufrió recortes superiores a los $174 millones en lo que va de 2019. En rigor, desde hace dos años, el principal programa estatal destinado a reducir la brecha digital entre niñas, niños y adolescentes (NNyA) viene registrando un importante desfinanciamiento: tenía asignado $7.200 millones en 2017, ese mismo año se redujo a $3.900 millones, en 2018 pasó a $3.122 millones y para 2019 se prevé menos de la mitad ($1.253 millones).

Estas cifras cobran especial relevancia teniendo en cuenta que al momento de escribirse esta nota se está celebrando el Día Mundial de las Telecomunicaciones y la Sociedad de la Información. También se denomina Día de Internet. Se trata de una fecha, fijada en el calendario de las Naciones Unidas, para sensibilizar sobre las posibilidades que las tecnologías de la información y de la comunicación (TIC) pueden ofrecer a las sociedades y a la economía; así como fomentar la necesidad de reducir la brecha digital.

Los planes gubernamentales

El Plan Aprender Conectados, que se instauró el año pasado a través del Decreto N­ 386/2018, reemplazó al programa Conectar Igualdad, que se había creado en 2010 con el fin de proporcionar una computadora a cada alumna/o y docente de educación secundaria de escuelas públicas, de educación especial y de Institutos de Formación Docente.

Conectar Igualdad también se proponía capacitar a los educadores y elaborar propuestas con el objeto de favorecer la incorporación de herramientas digitales en los procesos de enseñanza y de aprendizaje.  A su vez, el Decreto N° 76/11 dispuso que las computadoras otorgadas a los/as estudiantes debían ser cedidas en forma definitiva a éstos cuando hubieran finalizado y aprobado el nivel de educación secundaria en la modalidad orientada, artística o técnico profesional. 

En los considerandos del Decreto N­ 386/2018 se afirma: “el programa Conectar Igualdad.com.ar se creó oportunamente para abordar la brecha digital existente en el país, pero a 8 años de su lanzamiento, debe concluirse que este concepto mutó dando lugar al de alfabetización digital donde la mera entrega de equipamiento dejó de ser suficiente si no se abordan contenidos específicos con una orientación pedagógica clara e integral en los establecimientos educativos, como núcleos determinantes responsables de los procesos de enseñanza y de aprendizaje”

Asimismo, en los fundamentos del mencionado decreto 386, para intentar defender y justificar la decisión, el gobierno expuso algunos indicadores surgidos de las Pruebas Aprender. A saber:

  • El 94% de los docentes cuenta con al menos una computadora en sus hogares
  • Cuatro de cada diez docentes fueron destinatarios de netbooks o notebooks provistas por el Estado y el 98% de los mismos utiliza teléfono celular.
  • El 76% de los chicos que asisten a escuelas primarias cuenta con celulares y ese número se eleva al 95,7% respecto de los que finalizan la escuela secundaria, de los cuales, el 87,7 % cuenta con al menos una computadora en sus casas.

¿Cuál fue, en realidad, el impacto de los cambios en el plan de educación digital? Según el informe “Pobreza, derechos e infancias en la Argentina” (2010-2018)[1], elaborado por el Barómetro de la Deuda Social de la Infancia de la Universidad Católica Argentina, el agotamiento de programas como “Conectar Igualdad” y otros programas provinciales provocaron un estancamiento en la evolución del acceso a la información y a la estimulación /educación por parte de niñas, niños y adolescentes, dimensiones que habían registrados fuertes progresos entre 2013 y 2015.

Los recortes aplicados por el Ejecutivo nacional se dan en un escenario mundial donde, según están alertando distintos expertos y organismos internacionales, todo indica que la creciente brecha que separa a los países subconectados y los hiperdigitalizados se ensanchará. Y ello agravará aún más las desigualdades que ya existen. 

El nivel de digitalización puede incluso influir en la capacidad de los países para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible fijados por la comunidad internacional para enfrentar desafíos como el hambre, las enfermedades y el cambio climático.

El informe de la UCA agrega: “se conjetura que la crisis socioeconómica ha tenido su impacto en la adquisición de computadoras hogareñas y en el acceso a servicios de internet, además de otros procesos socioculturales que pueden estar operando en el acceso y uso de tecnologías. Mientras que en el caso de la dimensión estimulación y educación, también se advierte un estancamiento en los indicadores de escolarización y ofertas educativas como en la enseñanza de idioma extranjero y computación”.

Ante el escenario actual, los últimos difundidos por el INDEC mostraron que el aumento de precios de los bienes y servicios vinculados con la tecnología y la comunicación -superaron el 60% anual en el Gran Buenos Aires, ubicándose por encima de la media nacional- podrían ensanchar aún más la brecha digital en los próximos meses. A ello se le suma que la crisis económica, la inflación y los ajustes presupuestarios están impactando en la alfabetización digital de miles de NNyA en nuestro país. De ahí la necesidad de que haya un Estado presente y activo, para empezar a revertir la situación.

Alfabetización y brecha digital

El manejo de las nuevas tecnologías en el siglo XXI se compara a la alfabetización en los siglos XIX y comienzos del XX. La “brecha digital”, o sea las inequidades en el acceso a Internet constituyen una brecha de exclusión. En el caso de los niños/as, Internet es un instrumento para el ejercicio de múltiples derechos: libertad de expresión y acceso a la información, educación, libertad de asociación y participación en la vida social, cultural y política. Pero estas potencialidades coexisten con riesgos y amenazas. Así vemos que millones de niños/as no disfrutan ni se favorecen de ese acceso al mundo digital, o su acceso es intermitente o de calidad inferior y, con mucha frecuencia, son los/as niños/as que ya están más desposeídos. Esto agrava aún más su privación, denegándoles efectivamente las aptitudes y el conocimiento que podrían ayudarles a desarrollar su potencial y a romper los ciclos intergeneracionales de desventaja y de pobreza[1].

La brecha digital tiene una característica superficial, que es el acceso a Internet y a los dispositivos. Pero, como sostiene Gloria Bonder, directora del área de Género, Sociedad y Políticas de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso), hay otros aspectos que atender: el acceso a banda ancha, fibra óptica y calidad del servicio; la educación para adquirir competencias digitales; la fluidez digital, es decir, poder usar estratégicamente las herramientas tecnológicas; el capital social y cultural; y el nudo del tema: la participación en producción de tecnologías y contenidos. Por ello, es necesario abordar las brechas en conjunto si queremos pensar en un desarrollo inclusivo.

El Sistema de Información de Tendencias Educativas en América Latina (SITEAL)[2], que depende de la UNESCO, caracteriza la brecha digital a través de tres aspectos concurrentes:

  • Acceso a las TIC: refiere a la desigualdad existente entre los países y entre las distintas poblaciones dentro de un mismo país o región.
  • Uso de las TIC: abarca la distancia que se observa entre los usos meramente recreativos o sociales, y aquellos que suponen una apropiación más integral y transformaciones en el aprendizaje y en la producción de conocimiento.
  • Presencia de las TIC en la escuela: la brecha en las expectativas de los jóvenes respecto de la disponibilidad y los usos en el aula y lo que la institución realmente les ofrece.

Es de suponer que la mera entrega de equipos informáticos no garantiza aún la superación de las brechas digitales. Las mejoras en infraestructura y equipamiento son un primer paso al que deben seguirle el desarrollo de capacidades y las habilidades tecnológicas, para atender a la llamada “segunda brecha” o brecha de uso.

En suma, las políticas de mejora en el acceso sirven en la medida en que estén acompañadas por programas integrales de educación y alfabetización digital así como de medidas de protección de la violencia y otros potenciales riesgos en entornos digitales.

[1] Informe Regional “Lineamientos para el empoderamiento y la protección de los derechos de los niños, niñas y adolescentes en Internet en Centroamérica y República Dominicana”, OEA , 2018, pag 25/26

[2] SITEAL: Sistema de Información de tendencias educativas en América Latina (http://www. siteal.iipe-oei.org/

[1] http://wadmin.uca.edu.ar/public/ckeditor/Observatorio%20Deuda%20Social/Documentos/2019/2019-BDSI-DOCUMENTO-INVESTIGACION-POBREZA-INFANCIA-BOLETIN-1.pdf

 

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